El Prat encara un 2020 en el que podría perder la mitad del pasaje

El Observatori del Turisme a Barcelona prevé una lenta recuperación que en diciembre alcanzaría el 70%

Saber cómo va a afectar la pandemia de la Covid-19 a la actividad económica en general a medio y largo plazo, en particular a la movilidad, que es uno de sus principales indicadores, y concretamente al tráfico aéreo, no es sencillo. Estamos en plena crisis sanitaria y muchos de los factores que determinarán su evolución no están, hoy por hoy, nada claros. Aun así, los expertos tratan de aproximarse dibujando posibles escenarios. Uno es el que apunta un informe del Observatori del Turisme a Barcelona -integrado por el Ayuntamiento, la Diputación, la Cambra de Comerç y Turisme de Barcelona-, que estima que en el conjunto del 2020, El Prat podría perder cerca de la mitad del pasaje registrado en el 2019, su año récord con un total de 52,6 millones de viajeros entre llegadas y salidas. El recorte para el presente ejercicio podría ser, según el estudio, del 46%.

La zona de salidas de la T1, sin viajeros (Mané Espinosa)AMPLIAR

El documento Aerovisió BCN , datado el 14 de abril, ha sido elaborado por la consultora GPA a partir de diversos indicadores de pasaje real de El Prat, básicamente el nivel de reservas y la oferta de asientos en los vuelos. Para hacer la proyección del 2020 ha extrapolado la previsión de demanda del año a partir de los datos de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) a fecha 31 de marzo. Los resultados confirman las enormes dificultades que va a tener este tipo de transporte para despegar y tomar altura.

Asia dio la alarma

La zona próxima al origen de la pandemia anticipó los recortes de reservas y de asientos

El volumen más bajo de viajeros en el aeropuerto de Barcelona será, según el estudio, el de este abril, con una cifra de llegadas (exceptuando pasajeros en tránsito) un 90% inferior a la del mismo mes del año pasado (212.000 en vez de 2,1 millones). Coincide con el cierre de fronteras en muchos países, lo que conlleva la cancelación de vuelos internacionales, y con las mayores restricciones de actividad, por tanto también de la movilidad interna.

Un mostrador de facturación en la T1, ayer por la mañana (Mané Espinosa)AMPLIAR

La recuperación arrancaría a ritmo lento pero constante, hasta situarse en diciembre un 30% por debajo del nivel de un año atrás. Así, en el último mes del año se alcanzaría la cota del 70% respecto al umbral del 2019 (cerca de 1,2 millones de llegadas por los 1,7 millones de doce meses antes). Antes, en verano, el panorama no es nada halagüeño, todavía con un 70% menos de llegadas en agosto (706.000 en lugar de los 2,3 millones del mismo mes del año pasado), lo que augura una insólita temporada estival.

Levantamiento de barreras

A medida que se supriman restricciones, el transporte aéreo se pondrá en marcha

El detalle de las reservas de vuelos de fuera de España hacia Barcelona que había en febrero -antes de la explosión global de la crisis sanitaria- ya indicaba fuertes caídas para el verano respecto a las que se hicieron un año antes, exactamente del 33%, señala el estudio. Por países, las de Alemania cayeron un 50%; las de Francia, un 38%; las de Italia, un 37%; las de Países Bajos, un 42%; las del Reino Unido, un 43%; las de Estados Unidos, un 19%; las de Japón, un 43%, y las de China, un 63%. Los emisores asiáticos, por proximidad con el origen de la pandemia, fueron los primeros en reducir viajes. También la oferta de asientos para abril desde la capital catalana se redujo. Un 84,8% hacia Europa, un 89,6% a Norteamérica y un 89% hacia Asia y el Pacífico.

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Lo que ya es un hecho es que la crisis del coronavirus ha truncado la tendencia alza del pasaje en El Prat. Según datos de Aena, en enero creció un 3,7% respecto al mismo mes del 2019 y en febrero un 0,4% (ya se percibía un freno). En marzo se produjo un desplome del 64,3%, mayor incluso que el 50% apuntado en el informe del Observatori del Turisme para las llegadas.

Despegue por zonas

Los vuelos domésticos y después los europeos serán los primeros en reactivarse tras la crisis

La reactivación del tráfico aéreo se verá impulsada, apunta el documento, por el levantamiento de algunas barreras legales que flexibilizarían la movilidad a partir de julio y el retorno de la confianza de una parte del consumidor más próximo geográficamente, lo que supondría una recuperación más rápida del tráfico doméstico. Este sería el comienzo de un largo despertar, el que protagonizaría el viajero más próximo. Pero en el caso de Barcelona sería un reinicio modesto en comparación con la situación normal debido al fuerte peso que tienen las rutas internacionales. El año pasado, los viajeros de este tipo fueron 38,6 millones, el 73,4% del total que pasó por las terminales de El Prat

Establecimientos cerrados en el área comercial del aeropuerto (Mané Espinosa)AMPLIAR

El segundo nivel en recuperarse será el europeo, en función de la desaparición de las restricciones de fronteras que siguen vigentes. En este espacio se encuentran algunos de los principales mercados emisores hacia Barcelona (Reino Unido, Francia, Italia o Alemania). Y, en un tercer momento, se espera al viajero intercontinental, que será el que más tardará en reactivarse. A corto y medio plazo, el estudio estima una nula o escasa conectividad de larga distancia, cuyas rutas han crecido de manera espectacular en los últimos años en El Prat. En el 2019, los viajes entre continentes aportaron 6,2 millones de usuarios, un 14,5% más que en el 2018.

Cambios en la aviación

Se prevén controles nuevos antes de volar, menos aerolíneas, tarifas más caras...

La visión de este informe del Observatori del Turisme está en línea con la que tienen los responsables turísticos de las distintas administraciones y, en concreto, los de Barcelona, que auguran un despertar progresivo del turismo cercano este 2020, con fuerte peso del transporte privado, el coche, porque es el que se percibe como el más seguro frente al contagio, y dejan para el año que viene el internacional a través de otros medios, como el avión, el tren o el barco. A partir de estas premisas se están preparando campañas de promoción que, en el caso de la capital catalana, arrancarán por el fortalecimiento del comercio como reclamo para el residente y el visitante de un radio corto.

El estudioda algunas pistas sobre el nuevo paradigma de viaje en avión tras esta crisis en el que la relación consumidores-operadores aéreos-gobiernos cambiará. Se espera que los primeros se adapten rápidamente a la nueva situación, en la que habrá una mayor sensibilidad al riesgo sanitario y al medio ambiente. Los gobiernos, prosigue el informe, ejecutarán normas de viaje poscrisis que podrían actuar como barreras al ocio, aunque recuerda que la evolución dependerá sobre todo de la liberalización de los viajes entre países. En este sentido, será prioritario recuperar al menos el estándar de los países del espacio Schengen con mayores facilidades de movimiento. En todo caso, señala el documento, habrá menos oferta porque habrá menos operadores. Muchas compañías no se recuperarán de la debacle causada por el parón obligado por la pandemia y, en consecuencia, se reducirá la competencia y seguramente se ofertarán menos destinos. Así, las cosas, es posible que los precios suban.

¿Cómo cambiaron las dos anteriores crisis globales el transporte aéreo?

Aerovisió BCN tiene en cuenta cómo se recuperó el tráfico en las dos anteriores crisis -la del 2001, provocada por los atentados del 11-S en EE.UU., y la económico-financiera del 2008, la Gran Recesión-, en las que hicieron falta tres años y un año y medio, respectivamente, para alcanzar los niveles previos. De la primera quedaron los controles de seguridad más exigentes, la obligación de llegar a los aeropuertos con más antelación y una mayor exigencia para obtener visados. De la segunda, las alianzas, fusiones, privatizaciones, quiebras y absorciones de aerolíneas. Tras la actual crisis sanitaria, ¿cuánto se tardará en remontar? ¿Y qué cambios provocará? Aún no hay respuestas, sobre todo para la primera pregunta. Sobre la segunda, al menos hasta que no haya vacuna, probablemente hará falta algún control de salud de los pasajeros para poder volar.